Bizcocho de Chocolateeeeee =)

Hoy encendemos el horno para hacer uno de mis bizcochos preferidos: el de chocolate. Admite todo tipo de acompañamientos y variaciones y la verdad es que lo utilizo de ‘base’ para unas cuantas tartas… Entre ellas la de Naranja Amarga, la de Frutos Rojos, la Selva Negra o una Marmolada que es otra de mis debilidades… pero de momento, vamos a lo sencillo: un bizcocho de lo más sencillo y sabroso.

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La receta la encontré hace años en una revista de cocina. No me preguntéis el nombre, porque la transcribí a mi recetario y nunca más se supo de la revista… Recuerdo que era un especial de sabores Norteamérica, pero poco más… El caso es que la hice, casi por casualidad y nos encantó. Es un bizcocho muy esponjoso y que aguanta bastantes días (bien envuelto), sin ponerse duro. De hecho se ha convertido en un clásico para llevar a los viajes con amigos y disfrutarlo en los desayunos… Este de la foto, es el que hice para nuestra última escapada y fue un exitazo.

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¿Qué necesitamos?

  • 2 tazas de harina
  • 3/4 de taza de cacao puro.
  • 3/4 de taza de aceite de girasol.
  • 1 y 3/4 tazas de azúcar.
  • 1 y 1/4 tazas de leche.
  • 1/2 cucharadita de levadura.
  • 1 cucharadita de bicarbonato.
  • 1 cucharadita de sal.
  • Ralladura de naranja.

¿Cómo lo hacemos?

Precalentamos el horno a 180º.

1. Colocamos en un recipiente la harina, el azúcar, el aceite de girasol, la leche, el cacao, la ralladura de naranja, la levadura, el bicarbonato y la sal. Mezclamos bien con las varillas.

2. Cuando consigamos homogeneidad en la masa, dejamos reposar unos diez minutos.

3. Mientras, preparamos el molde para hornear con papel sulfurizado o en su defecto, con un poquito de mantequilla para evitar que se pegue. (En esta ocasión y como me lo iba a llevar de viaje, utilicé un molde desechable de Albal)

4. Volcamos la mezca en el molde y metemos al horno unos 35 -40 minutos. Ya sabéis que cada horno es un mundo, así que estad pendientes a partir de los 30 minutos.

Cuándo lo pinchéis en el centro y la aguja salga limpia, el bizcocho estará bien cocido. Una vez lo esté, lo sacamos del horno y dejamos que se enfríe.

A partir de aquí… imaginación al poder. Os lo podéis comer solo, acompañado, recubierto de frosting, de glasa… como más os guste.

¡Qué lo disfrutéis!

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